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lunes, 11 de febrero de 2013

ALIENTO DE VIDA (2)



El aliento de vida nos hace seres animados, sensibles, humanos, y se manifiesta en forma de respiración. Y, puesto que constituye la base de la vida misma, también indica su cualidad. Así comprendemos que la vida es ritmo, polaridad, alternancia de movimiento que se repite…, y repite…, sin fin. Respiramos. Tomamos aire y soltamos; inspiramos…, espiramos… Así, una vez, otra vez…, otra vez… Tomar…,dar…, tomar…,dar…, tomar…, dar. Esta es la cualidad de la vida humana y, por tanto, la instrucción que subyace en el alma; el modelo que  inspira  nuestra manera de vivir: tomar y dar. Dos polos o fases de una sola cosa, que es el aliento de vida, el cual  percibimos y experimentamos en forma de respiración. Es decir, de manera polarizada, experimentando los extremos alternativamente. Pero no la unidad de ambos, no el intangible aliento mediante el cual Dios se hace presencia en el hombre.

En el artículo “EL SUFRIMIENTO ÚTIL”, publicado hace unos días me referí a los dilemas como algo inherente a la vida humana. Dije que no es posible instalarse en uno de los polos rechazando el otro, porque ambos constituyen una unidad y van juntos. A lo comentado entonces puede añadirse lo que expongo en el párrafo anterior respecto a la respiración.

La inspiración y la espiración existen unidas, van juntas; la una existe porque existe la otra, y no es posible establecerse en una sola. No es posible sólo inspirar y retener lo inspirado, ni tampoco espirar y quedarse así. En ambos casos se produciría la muerte, porque esa errónea actitud “desconecta” al ser humano del aliento que le hace vivir.

La vida humana se nos muestra a modo de dilemas continuos porque la base de la vida, manifestada en forma de respiración, así lo es. La Creación es una y todo cuanto existe constituye una unidad. Pero la opción del “Árbol del conocimiento del Bien y del Mal” que define nuestra vida en el mundo, impone la experiencia de los extremos, de los polos opuestos, como camino al conocimiento de dicha Unidad.

Félix Gracia

jueves, 7 de febrero de 2013

ALIENTO DE VIDA



“Modeló Dios  al hombre de la arcilla y le inspiró en el rostro
aliento de vida, y fue así el hombre ser animado”
(Gén 2,7) 

Respirar es vivir. Un acto de respiración nos incorpora al mundo y otro  nos saca de él. Y entre uno y otro movimiento, queda contenida la vida humana. La respiración nos introduce en el mundo, nos mantiene en él y finalmente nos saca. Antes de llegar a él, el mundo ya respiraba; y cuando ya no estemos aquí, el mundo seguirá respirando. Por eso la respiración no es algo personal, no nos pertenece; existe, como algo inherente a la Vida que nos acoge, nutre y acompaña, sin que en todo ello medie nuestra voluntad. No respiramos porque queramos hacerlo, sino porque lo impone la Vida. Respirar es vivir y vivir es respirar.

Somos seres animados, vivientes,  provistos de ánima, o alma; bendecidos por el “aliento de vida” citado en el Génesis, que nos hace miembros de la Vida.  Existimos en el seno de la Vida en virtud de una gracia. Habitamos en el corazón de Dios donde existen todos los mundos, todas las realidades, todos los sueños, todos los seres… Compartimos con ellos la estancia y los medios; respiramos juntos, compartimos el mismo aire, a través del cual el “aliento de vida” se renueva y mantiene.

Por eso la respiración no es un acto mecánico, sino un signo de pertenencia, un vínculo con algo mayor inclusivo de todo cuanto respira que nos hace seres animados, vivientes. Respirar es vivir,  vivir es pertenecer, y pertenecer es compartir. Y, el fundamento esencial de ello, es el  aliento o anhelo insuflado por Dios como un don inherente a nuestra naturaleza, sin el cual nada éramos y  nada seríamos.

El acto de respirar nos recuerda a cada instante que existimos en el seno de la Vida, o de Dios, donde existe toda la Creación como algo único y total; que pertenecemos a ese Todo junto al resto de las criaturas, con quienes compartimos una naturaleza común, aún  sin ser conscientes del vínculo que nos identifica y nos une, entre nosotros y con Dios. El acto de respirar mantiene indeleble el vínculo que une a las almas con su Creador, mientras aquéllas consuman la experiencia de una vida humana desde el no recuerdo de su dignidad, de su naturaleza y origen verdaderos, y creyéndose que son otra cosa., que viven separados de Él y que son culpables de dicha separación.

El acto de respirar es el testigo y la consecuencia del aliento que habita en el hombre, del anhelo capaz de elevarnos más allá de nuestros límites personales, hasta reconocernos en todo lo demás. Y es la esperanza de que un día se hará realidad.

Respiremos todos…, respiremos.


Félix Gracia

martes, 29 de enero de 2013

EL SUFRIMIENTO ÚTIL


Un dilema es la situación que se plantea cuando concurren dos opciones o  posibilidades, de tal manera que, consideradas por separado, cada una de ellas resulta adecuada, lógica y hasta conveniente. Pero juntas no pueden coexistir; será la una o la otra, pero no ambas a la vez. Un dilema es lo formado por los términos justicia y misericordia, por ejemplo. Ambas posibilidades son perfectamente válidas y justificables si se juzgan por separado. Está bien actuar con justicia, e igualmente está bien ser misericordioso. Y podemos  aplicar la justicia, pero entonces no seremos misericordiosos. O proceder a la inversa, y entonces no seremos justos. Ser justo o ser misericordioso, representan dos opciones igualmente válidas; podemos ser lo uno o lo otro, pero no ambas cosas a la vez. Podemos ser justos en unos casos y misericordiosos en otros, alternando dichas opciones. Pero no podemos ser justos y misericordiosos al mismo tiempo. Eso es un dilema.

Un dilema, pues, no es un simple concepto, sino una cualidad de la experiencia que se basa en el reconocimiento de los extremos, en la vivencia de la polaridad. Un dilema es el vivir humano; la realidad sensorial, práctica y diaria, anunciada por la metáfora del “Árbol del conocimiento del Bien y del Mal” que sucede a la pérdida del Paraíso, y que no constituye un castigo -salvo en nuestra errónea creencia- sino una   advertencia: el anuncio de cómo es la existencia experimentada desde el “estado de separación” en el que nos sentimos. Vivir fuera del Paraíso es vivir la separación; experimentar las partes desde un extremo al otro y sentirlas antagónicas, ignorando la unidad que subyace tras las formas. Vivir fuera del Paraíso significa recorrer el largo camino de la experiencia posible, desde el bien o lo bueno, hasta el mal; desde la alegría y el gozo hasta el sufrimiento. Vivir ausentes del Paraíso es vivir expuestos a la experiencia incesante, múltiple e inagotable, a veces deseada y feliz, y otras frustrante y dolorosa. Pero siempre sentida.

La vida humana es así. Polar, dilemática. Y como tal hay que asumirla, pues no contiene un error que deba ser subsanado. El bien y el mal, como todos los polos opuestos, son las caras de una sola moneda; existe el uno porque existe el otro; ambos van unidos porque son lo mismo, y no es posible separarlos. Pretender evitar una polaridad en nuestra experiencia de vida, constituye una prueba de nuestra ignorancia que, en contra de lo pretendido, potencia aquello que queremos eliminar. No es posible instalarse en la felicidad, ni en otro aspecto cualquiera, evitando experimentar su opuesto. Éste se hará más llamativo, se mostrará con mayor pujanza, dolerá más…, llamando así la atención y pueda ser revisada nuestra actitud. La vida humana contiene todo, pues en nosotros encarna la metáfora del “Árbol del conocimiento del Bien y del Mal”. No es posible eludir esa realidad ni el evitarlo forma parte del Plan.  Todo lo que hay que hacer es vivir lo que toca, sabiendo que hemos contribuido a la creación de esa realidad, y que  se trata de la cara de una moneda que, al mostrarse, está a la vez anunciando la existencia de la otra cara hacia la cual nos orienta, y que ambas forman una unidad; que son aspectos diferentes  de lo que es uno; que todo procede del “vacío cuántico”, del insondable Brahman Supremo, del seno de Dios; que todo son partes de la Unidad, igualmente perfectas, adecuadas y santas. Y que la experiencia humana de todo ello tiene el propósito de hacerlo real en el último rincón de la Creación, que es la materia.

Cuando lo vivimos así, con esta conciencia, el sufrimiento -tan denostado y  tan frecuentemente inútil-, convertido por causa de nuestro permanente rechazo en el habitante de la Vida más alejado, deviene reconocido y aceptado; deviene útil, tanto como el gozo o la alegría, porque nos hace crecer. En ese instante sin tiempo, el dilema irresoluble para el hombre desaparece, deja de ser. Porque quien lo vive ahora ya no lo contempla con ojos humanos que sólo ven la separación, sino con los ojos de Dios, que en todo ve al “hijo amado”, en el que se complace.


Félix Gracia

lunes, 21 de enero de 2013

PAULA, o un mundo nuevo

Paula cumple hoy un mes de vida. Llegó con el Solsticio de invierno; de la mano del Sol que, ese día, cumplía con su destino de ser el eterno anunciador de que Dios habita en el corazón de los hombres y que, éstos, están llamados a descubrirlo y a sentirlo, provocando en ellos mismos un cambio sólo comparable a un “volver a nacer”, o resucitar. Nuestros antepasados, que así lo intuyeron, asociaron esa experiencia humana al nacimiento de un niño divino, un Niño-Dios, y lo relacionaron con un acontecimiento cósmico llamado Solsticio, porque en ese momento la Luz vinculada al Sol, comienza a superar a la oscuridad de las noches invernales.

Paula nació con ese Sol que sustenta a la hermosa metáfora que alude al porvenir de la raza humana en la Tierra, y con su venida sentimos que alguien ha llamado a nuestra puerta para recordarnos, no sólo el destino que nos aguarda, sino cuánto queda por hacer para que lo anunciado se haga realidad. Paula nos  llena de alegría porque en ella la metáfora trasciende su simbolismo y se hace humana. Pero también nos recuerda que el milagro descansa en nuestros actos, que el “mundo nuevo” anunciado acompaña al “hombre nuevo” y, que si éste no nace, tampoco lo hará aquél.

Paula es mi nieta. Una preciosa criatura, un ser individual maravilloso capaz de despertar en mí recuerdos y sentimientos profundamente guardados. Pero Paula es también un colectivo, una suma de voluntades que han decidido descender al mundo de los humanos en este momento crucial para traer la Luz, para ser “la lámpara encendida que se coloca en el lugar más alto de la casa con objeto de que ilumine a cuantos habitan en ella”. Sí, Paula es también un colectivo, un “todos en uno” que aglutina a todos los niños venidos al mundo, pues todos comparten la misma función e idéntico propósito: ser el estímulo que nos ponga en acción a quienes vinimos antes, atraídos precisamente por la idea de un mundo nuevo “donde no haya más llanto, ni fatiga, ni dolor ni muerte, porque el mundo viejo ha pasado”.

Cualquiera que sea su nombre y esté donde esté, en la familia humana ha nacido una Paula, que es Luz en el mundo.

Félix Gracia

lunes, 14 de enero de 2013


RECUERDA...

Vivimos tiempos difíciles; tiempos que remueven la memoria  del alma aflorando sentimientos otrora vividos, experimentados, sufridos...

Lo de ahora no es nuevo, sino eterno. Existe en el seno de la Vida como un impulso renovador y de cambio; como una semilla que germina, crece y, llegado su momento, fructifica, para luego permanecer dormida, latente, hasta que llegue el tiempo de un nuevo despertar, que es también el tiempo de la renovación y del cambio. Cuando ese momento llegue, resucitarán en el alma los sentimientos que acompañaron al proceso anterior, en el que algo tuvo que morir para que algo nuevo naciera.

Y aquí nos hallamos, en pleno proceso de renovación, en plena crisis; protagonizando un cambio que significa "crecer ampliando nuestros límites", la conciencia de lo que somos, porque nos mueve y arrastra un instinto sublime hacia la totalidad del Ser.

Sí, aquí nos hallamos, muriendo y renaciendo a la vez. Despiertos, mientras transitamos por la "noche oscura del alma"; por ese tiempo fronterizo  en el que uno ya no encuentra la seguridad en lo conocido o poseído, que está llamado a desaparecer, ni tampoco en lo nuevo que ha de llegar porque aún no ha llegado. Y, mientras ese tiempo permanece, la vida humana se asemeja a una frágil barca en plena tormenta y, nosotros, a sus atribulados ocupantes.

La metáfora del Evangelio se hace real en nuestra experiencia de vida, como siempre ha sido. Y aquí nos hallamos hoy. O así lo siento yo. Somos el personaje que habita en la barca. Pero, tal vez ese cambio que se anuncia por el horizonte pueda llevarnos al reconocimiento de que, a pesar de nuestra flaqueza, de nuestras limitaciones y miedos, también somos aquél que camina sobre las aguas.

Así lo siento en mi también atribulado corazón. Y, porque así lo siento y quiero vivirlo, renuevo mi confianza expresada en estas palabras que reproduzco seguidamente, y que un día escribí como colofón para todos los asistentes a un Curso sobre Jesús; ese Jesús intemporal, eterno caminante que camina sobre las aguas hacia la barca donde le esperan sus atemorizados amigos, entre los cuales y como ellos me siento y declaro.

Si, tú, amiga o amigo que me lees, te sientes así, miembro de ese colectivo amigo de Jesús, aquellas palabras de entonces son hoy para ti:

"Pase lo que pase y veas lo que veas..., recuerda. Cuando te caigas. Cuando vueles. Cuando rías. Si aparece el dolor, o la suerte, o la tristeza..., recuerda. Cuando el viento tense tus velas en mar abierto y sientas la proximidad de tu destino, o cuando la tormenta amenace con hundir tu barca..., recuerda. Pase lo que pase, recuerda que en la experiencia del vivir todo es pasajero, pero que tú eres la roca firme de la Verdad y la Vida eternamente manifestadas; que eres el Hijo de Dios en cada instante de tu vida y que cualquiera que sea tu nombre, también te llamas Jesús."

Félix Gracia

sábado, 10 de marzo de 2012

“EMUNAH: El mensaje de Jesús en tiempos de crisis”

Queridos amigos/as;

Me complace informaros de mi nuevo curso: “EMUNAH: El mensaje de Jesús en tiempos de crisis”

FECHA DE CELEBRACIÓN:
Días 5 y 6 de Mayo de 2012
LUGAR:
Residencia San José
Avda. Reyes Católicos, 12
EL ESCORIAL (Madrid)

Encontraréis toda la información en el archivo adjunto, o visitando nuestra web: www.felixgracia.com

Recibid un cariñoso abrazo,

Información y Reservas:
Tel. 91 633 40 54
felixgracia.com
Web oficial de Félix Gracia

jueves, 7 de julio de 2011

MÁS ALLÁ DE LA INDIGNACIÓN Amanece en la Puerta del Sol (3)

El desahogo es el remedio para las penas y para la rabia que a menudo  las acompaña. El desahogo es terapéutico, libera al alma atenazada y abre cauces a la renovación. Por eso es necesario y bienvenido cuando llega, aún a riesgo de resultar caótico, desconcertante e incoherente como todo lo que no nace de la razón, sino de la necesidad del alma, cuya satisfacción tiene prioridad frente a cualquier iniciativa.

Pero el desahogo no ha de ser el fin, sino el paso necesario hacia una  disposición del alma libre de sentimientos de agravio y de la rabia por ellos  generada; una suerte de puesta a punto que nos libere del peso de viejos  condicionamientos y facilite una más clara visión de las cosas. Tras el desahogo, liberados de la ira y del rencor que empañan la relación con los otros, la innata creatividad y el poder de renovación inherentes al ser humano pueden ser más fácilmente orientados hacia iniciativas que mejoren la convivencia y propicien esa vida más equilibrada y justa hacia la que instintivamente tendemos.

Viene a cuento este comentario en apoyo -una vez más- de aquellos que muestran su militancia a favor del cambio manifestando su protesta en las calles, porque en su actitud anida la queja del alma colectiva que por fin encuentra un cauce para su desahogo. En su apoyo -digo- y como reflexión surgida tras los incidentes de Atenas. Porque, si nos instalamos en la protesta, en la denuncia y en la exigencia de cambios inmediatos - todo ello inspirado o nacido del enfado-, creyendo que el cambio consiste en modificar lo de afuera mientras mantenemos vivas nuestras viejas estructuras mentales, erraremos en el blanco.

En Abril de 2010, publiqué un comentario en este mismo blog bajo el título “UNA MIRADA AL MUNDO”, en el que me referí al índice que utiliza el Sistema para medir el progreso, al conocido PIB (Producto Interior Bruto), el cual constituye una sugerencia real y un impulso a favor del consumo basados en  el implícito mensaje de que “a mayor consumo corresponde mayor bienestar”. Tal supuesto es falso y a la vez incompatible con la limitación de recursos del planeta. Pero su verdadera gravedad radica en el hecho de que dicho convencionalismo no  es un invento del Sistema,  sino una  aplicación  directa de algo que existe previamente en el alma y es consustancial al hombre: el deseo inherente a la naturaleza humana y su secuela, llamada codicia, que nada -ninguna cosa, ninguna cantidad- puede saciar. Nada humano puede satisfacer ese deseo arraigado en el alma porque es anterior a todo lo humano; porque nace de una necesidad que ya traemos cuando llegamos al mundo, de una añoranza, de un sentimiento de pérdida, de un vacío inconmensurable… San Agustín acertó al referirse a ello con estas palabras que hoy hago mías: “Hay un vacío en el hombre que tiene la forma de Dios, y que sólo Dios puede llenar”. El “vacío” de Dios es el origen de la necesidad, y todas las categorías del deseo nacen de la búsqueda de eso que falta. Pero lo buscado, la pieza que encaja en el vacío, no se halla entre los elementos que computa el PIB, ni en la ética consumista que inspira, ni en su idea de progreso, ni en su visión de la Humanidad.

Todo cambio nace de adentro, del alma. Y no hay cambio posible en el mundo si antes no lo hemos llevado a cabo en nosotros mismos, en nuestra mentalidad, en nuestra escala de valores, en nuestras prioridades… Hoy, el orden mundial es llamado a revisión, pero la primera revisión a practicar es la nuestra. En esta tarea, y a diferencia de antaño, tal vez ha llegado la hora de “consumir menos para vivir mejor”,  buscando dentro de nosotros -y no fuera-,  los recursos nunca antes utilizados que alimenten el deseo hasta saciarnos de Dios.

El camino no es la revolución, sino la metanoia.

martes, 14 de junio de 2011

Oración "Padre que habitas en Mi" escrita en 1998 por Félix Gracia, desde el corazón.

Vídeo creado y narrado cortesía de Cruz de Alcoy.
"espero que te guste, durante mucho tiempo me ha acompañado esta oración narrada por ti, ahora me da alegría poder hacer algo tan sencillo como lo que pediste.."




Nuestro agradecimiento a Cruz y a Encarnita. Gracias!

Texto:
http://felixgracia.com/images/padrequehabitas.gif

domingo, 29 de mayo de 2011

El Cuarto Camino (de 1993)

La alegoría de La Cueva de Platón, recordando esta entrevista de radio de Félix Gracia con Miguel Blanco en el programa ESPACIO EN BLANCO de 1993, absolutamente vigente en estos días en los que el emisario de la luz no es un ser único, es un camino individual en una voz plural, en un todo en uno. Hoy somos el verdadero pueblo del cambio, el pueblo observando la sombra, saliendo de La Cueva! Todos a las plazas, y cada uno en su plaza...

Escúchala haciendo click aquí: 
El Cuarto Camino - entrevista Félix Gracia - 1993 
duración: 45'26" (click derecho -> abrir enlace en una pestaña nueva)

CIDESH
Gracias y abrazos..

sábado, 21 de mayo de 2011

AMANECE EN LA PUERTA DEL SOL (2)

Hoy, es día de reflexión. Lo había establecido con anticipación el propio Sistema a modo de gesto solemne, aunque fatuo, escénico, de puro maquillaje, porque no hay objeto de reflexión dentro de una estructura diseñada para perpetuarse a sí misma. Da igual quien suba al escenario, ni quien sustituya a quien, pues todos  sirven al Sistema y se alimentan de la misma sustancia psíquica, están movidos por el mismo impulso, representan los mismos arquetipos humanos y la radiografía de su alma es idéntica. No hay nada sobre lo que reflexionar dentro de un organismo que, aunque manejado por unos cuantos, nos incluye a todos, y hace de todos un solo individuo atrapado en una red psíquica todopoderosa, como Matrix.

Esto, amigos,  es Samsara: una categoría o modalidad de la experiencia en el seno de la eternidad basada en la repetición cíclica, configurando una suerte de movimiento similar al de la noria, del que no somos conscientes y de muy difícil escapatoria. En él estamos todos. Y el instrumento que gestiona al Samsara es el Sistema. Y, por lo tanto, cualquier reflexión sugerida por él, sirve, exclusivamente, a su objetivo de perpetuarse.

Pero en estos días, en este nuevo Mayo, ha brotado en el corazón de los hombres un sentimiento largamente gestado en el seno de la Vida. Y, éste, sí merece una serena reflexión. Ha nacido como aquel Niño-Dios intuido por nuestros antepasados, rodeado de peligros; en el seno de una sociedad establecida sobre el poder, que ve en él una amenaza. Hace un par de días me refería a ello diciendo que era una célula portadora de nuevas instrucciones nacida en el interior del Sistema, y que éste ya la había detectado. ¿Cómo reaccionará el Sistema ante ese impulso de cambio y, por tanto, amenazante y desestabilizador de su estructura? ¿Le hará frente, lo combatirá, tratará de eliminarlo del mismo modo en que nuestro organismo actúa ante un cuerpo extraño, no reconocido por el sistema inmunológico? No lo creo. Esta reacción, primitiva aunque todavía vigente en muchos casos,  ha sido ya superada por la evolución en forma de nueva estrategia y, el Sistema, es el sofisticado mecanismo nacido de ella, el resultado de incontables respuestas adaptativas gracias a las cuales ha logrado sobrevivir. La nueva estrategia forma parte de su naturaleza  y consiste en la seducción, en la atracción, en el encantamiento del elemento extraño sin que este perciba la seducción que lo envuelve, porque la misma seducción eclipsa su conciencia.

Este es el peligro. Real y auténticamente poderoso, porque no parece tal; porque quienes lo representan parecen amigos o incluso lo son. Amigos, aunque servidores de otra causa que a veces, incluso, militan en nuestras filas.

Hoy seguimos presentes en las plazas y calles de nuestras ciudades y pueblos, y volveremos mañana. Tenemos un trabajo que realizar, una misión que cumplir, una razón que nos guía más poderosa que nosotros mismos.

“Brotan de mí muchas voces largo tiempo mudas, voces de interminables generaciones de prisioneros y esclavos (…) de los enfermos y los desesperados (…) voces de ciclos de preparación y crecimiento, de los hilos que unen a los astros (…) y de los derechos de aquellos a quienes los otros pisotean…”  Walt Whitman, una vez más.

jueves, 19 de mayo de 2011

AMANECE EN LA PUERTA DEL SOL


“Nada hay tan poderoso como una idea a la que le ha llegado su momento”, escribió Víctor Hugo cargado de razón. Las ideas son semillas que contienen en sí mismas el impulso para convertirse en árbol, y un día lo harán. Antes de cualquier cosa existe la “idea” de dicha cosa, el potencial invisible auto-impulsado hacia su realización, que es la consecuencia natural e inevitable.

Observo estos días el devenir de los acontecimientos en el mundo con especial atención, consciente del momento que nos corresponde vivir, inmersos en el guión de la Vida que exige ser ahora interpretado. Con especial atención, digo, y con una mezcla de regocijo, sobrecogimiento y asombro, ante la aparición de “lo esperado”; como quien ve brotar la semilla plantada en el seno de la tierra, donde permaneció silenciosa y viva hasta que llegó su momento.

Se cumple ahora un año desde la publicación en este mismo Blog de un comentario que titulé: “UNA MIRADA AL MUNDO (2)”, en el que adelantaba mi sentimiento respecto al devenir cercano. En él escribí:

“Las crónicas anticipadas aluden al tiempo presente en tanto que escenario de cambios profundos que afectan a la raíz, a la estructura del mundo actual en todas sus facetas: economía, política, justicia, religión…, y en las instituciones que las representan. Los poderosos arquetipos que rigen el devenir, los “dioses del cambio”, han entrado en actividad provocando ya situaciones de caos inesperadas y catastróficas, y una sensación generalizada de inestabilidad que es de por sí un aviso. Todo es convocado a una severa revisión tras la cual pocos elementos del paradigma actual podrán prevalecer”.

En estos días asistimos al nacimiento de un movimiento social donde conviven colectivos tan dispares como jóvenes estudiantes, padres de familia, jubilados, empleados, personas en paro…, dando forma a un sentimiento nunca antes expresado, porque no nace de sus particularidades, sino del hecho común de ser “seres humanos”.

El Sistema (ese algo difícilmente definible que aglutina el poder, los medios y la estrategia, al servicio de un mundo que con absoluta propiedad llamamos Samsara, puesto que en su naturaleza está el no cambiar, el seguir siendo tal como es), ya ha percibido su aparición. Los medios de comunicación han puesto su mirada en el joven movimiento y le dedican tertulias entre expertos analistas y espacios en los informativos. Nadie asegura cuál será su evolución, pero la inquietud es evidente. El Sistema, el paradigma actual, contiene ahora en su tejido una célula portadora de nuevas instrucciones:

“Una nueva generación de hombres ha comenzado ya a nacer en nuestros hogares. Ellos son el recambio, los nuevos gestores del mundo naciente. A nosotros, los que vinimos antes, nos corresponde el gestionar ese cambio, el vivir la noche oscura hasta la llegada de un amanecer que deje en sus manos un mundo renovado, probablemente más equilibrado, más justo y más humano”.

Así me expresaba en mi aludido comentario anterior, sacando a la luz un sentimiento que acogía la intuición y la esperanza. Hoy, tras los acontecimientos mundiales que han sorprendido a la humanidad con catástrofes naturales, levantamientos de naciones enteras desde la opresión de sus gobiernos, y hundimientos económicos y morales, contemplo el mundo con renovada esperanza y entusiasmo, pues veo llegada la hora en que la semilla plantada ha germinado. Salgo a las calles y plazas de la Vida ocupadas por aquéllos que sueñan con un mundo diferente, estudiantes, padres de familia, jubilados, amas de casa, parados…, y sumo mi corazón al impulso que los mueve, porque ellos, nosotros, somos la avanzadilla de todos los convocados por la vida para promover el cambio necesario.

“Hoy son escritos para nosotros aquellos versos de Walt Whitman: “Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo”.

Así terminaba mi comentario hace exactamente un año, y así termino hoy.

Mantengo mi lámpara encendida.

sábado, 7 de mayo de 2011

Félix Gracia en Facebook

Estimados amigos, nos alegra informaros que estamos poniendo en marcha el perfil de Félix Gracia en Facebook. Poco a poco lo iremos enriqueciendo en contenido.




Gracias y abrazos a tod@s....

jueves, 6 de enero de 2011

UNA BICICLETA

La distancia mayor entre los hombres no la causa la lejanía, sino el olvido.  Las personas, los lugares y las cosas, se debilitan y dejan de existir cuando las quitamos del corazón donde existían. Porque el corazón de los hombres es el fundamento que sostiene a todo lo demás.

Escribo estas líneas al calor de la Noche de Reyes, tras conocer la noticia publicada por el diario El Mundo, y con la imagen de un niño llamado Edison Junior y de un lugar, protagonistas involuntarios de dicha noticia, grabadas en mi alma. El lugar tiene por nombre Chaseo, paupérrima y aislada comunidad perteneciente al cantón de Chunchi,  ubicado en un remoto paraje al sur de Ecuador, donde se concentra la mayor tasa de suicidios infantiles del mundo. Los pequeños suicidas son hijos de emigrantes, crecidos sin sus padres, faltos de cariño, de protección y de esperanza. Niños heridos.

Hace ahora nueve años, María Huilca abandonó Chunchi  para encontrarse con su marido Manuel, emigrado a España antes que ella en busca de trabajo y de pan. Atrás quedaron sus raíces y tres hijos, el menor, sin cumplir los tres años. Se llamaba Edison Junior.

María y Manuel se abrieron paso a duras penas en estas tierras de aquí, que nunca llegaron a ser su tierra prometida. No pudieron volver a su pueblo en todos esos años. Las llamadas telefónicas se sucedieron a modo de ritual donde sobreviven los recuerdos, cada vez más desdibujados. Al otro lado del hilo, la voz desanimada de Edison pedía a su padre que le comprara una bicicleta. Y, éste, Manuel, repetía la misma respuesta: “cuando vaya te llevo la bicicleta”.

Un año, dos, tres…, ocho años. “Cuando vaya te llevo la bicicleta”, seguía prometiendo Manuel desde la distancia. Pero Edison no esperó. No pudo. La tristeza fue más fuerte que él y, un atardecer envuelto en la niebla, entregó su corta vida colgándose de un árbol a la puerta de la cabaña de su abuela, con quien vivía.

Es Noche de Reyes y yo aún creo en los milagros. En mis sueños, me he convertido de nuevo en niño que escribe una carta y la dirige al Cielo. En ella pido una bicicleta para Edison Junior, con el ruego de que se la lleven allí donde él esté. Y pido para todos los niños, los que lo son por edad y los que habitan en el corazón de los adultos, el regalo que nunca recibieron.

lunes, 10 de mayo de 2010

UNA MIRADA AL MUNDO (2)

El mundo siempre habla de sí mismo, como tratándose de un ente único y egocéntrico en torno al cual girase la vida. O quizá porque son lo mismo, y desde esa identidad el mundo no es un lugar, sino un estado concreto de la vida: el único que hemos llegado a realizar y conocer, mientras otros mundos permanecen en nuestra intuición o en nuestros sueños.

Hoy me asomo a él con el sentimiento de que ya no habla de sí mismo, sino del mundo que le ha de suceder; como si su identidad se desvaneciera; como si su protagonismo ya no fuese algo propio, sino el heraldo de otra realidad emergente nacida de sus cenizas. Hoy percibo su omnímoda presencia como una suerte de advertencia, como si al mostrar aquello que se desmorona estuviera anunciando la novedad que empieza a nacer. Hoy, contemplo el acontecer de este mundo, presintiendo que tal vez ha comenzado la noche oscura que antecede al amanecer.

No hay temor en este sentimiento que presiente cercano el parto. Quizá porque el dolor posible y aun el riesgo inherentes a él resultan menores frente al gozo de recibir al nacido. Y sí hay, en cambio, una serena esperanza no exenta de curiosidad ante la experiencia del tránsito; del cómo será, porque el qué ya es adivinado.

Vivimos una experiencia de realidad en un mundo y en un planeta, y somos todo ello a la vez: el planeta, el mundo, la experiencia vivida y el experimentador. Unidos indisolublemente porque somos una unidad, y no partes aisladas que conviven. No hay destinos paralelos, diferentes, para lo que es uno. Somos un tren en continuo movimiento que viaja con todo su contenido hacia la próxima estación, que tampoco ha de ser última, en un viaje sin final cuya meta es el propio viaje.

Y el viaje es movimiento. Y el movimiento cambio. Cambio necesario e inevitable escrito con mayúsculas en el guión de la vida; a veces lento, casi inapreciable, como suministrado con calmantes. Otras quirúrgico, drástico y sin anestesia.

Las crónicas anticipadas aluden al tiempo presente en tanto que escenario de cambios profundos que afectan a la raíz, a la estructura del mundo actual en todas sus facetas: economía, política, justicia, religión…,y en las instituciones que las representan. Los poderosos arquetipos que rigen el devenir, los “dioses del cambio”, han entrado en actividad provocando ya situaciones de caos inesperadas y catastróficas, y una sensación generalizada de inestabilidad que es de por sí un aviso. Todo es convocado a una severa revisión tras la cual pocos elementos del paradigma actual podrán prevalecer.

Una nueva generación de hombres ha comenzado ya a nacer en nuestros hogares. Ellos son el recambio, los nuevos gestores del mundo naciente. A nosotros, los que vinimos antes, nos corresponde el gestionar ese cambio, el vivir la noche oscura hasta la llegada de un amanecer que deje en sus manos un mundo renovado, probablemente más equilibrado, más justo y más humano.

Hoy son escritos para nosotros aquellos versos de Walt Whitman: “Piensa que en ti está el futuro y encara la tarea con orgullo y sin miedo”.

Permaneceré despierto, mi lámpara encendida.

martes, 27 de abril de 2010

A VUELTAS CON EL SILENCIO

Poco después de escribir mi comentario titulado La Tebaida Berciana escuché decir a un amigo que “si te molesta el ladrido de los perros allí donde vayas hallarás perros que ladran”. Y recordé a Genadio, aquel anacoreta berciano que ordenó callar a las aguas del arroyo porque su murmullo perturbaba su santa meditación, imponiendo el silencio en el valle; y también a aquel otro monje que, encontrándose en una situación similar a la de Genadio no podía concentrarse en la oración porque el croar de unas ranas procedente de un cercano estanque lo distraía.
Harto ya del insistente croar se asomó a la ventana de su celda y ordenó a las ranas: “¡Callad!”. Y como era un santo, las ranas obedecieron al instante. Satisfecho, el monje decidió seguir con sus oraciones, pero apenas transcurrieron unos segundos, oyó una voz dentro de sí que le decía: “Monje ignorante, ¿qué te hace suponer que a Dios no le complace tanto el croar de las ranas como tus oraciones?”. El monje quedó sorprendido, luego, se alzó, corrió hacia la ventana y, asomándose al estanque donde vivían las ranas grito: “¡Cantad!”. Y todas las ranas comenzaron a croar invadiendo el monasterio con su canto. Dice la leyenda que a partir de ese día el croar de las ranas acompañó al monje en sus oraciones. Y que éstas fueron las más elevadas. Creemos que la perturbación viene de afuera y que el silencio es la ausencia de sonidos, pero no es verdad. El silencio es un estado del alma ausente de perturbaciones. Lo demás, los perros que ladran, el murmullo de las aguas o las ranas que croan perturbándonos, tan sólo son señales en el camino que denuncian nuestra propia perturbación. Nos tropezamos con ella, no porque estuviera allí, sino porque ha llegado con nosotros. Podremos hacer callar a todos los elementos, o nos mudaremos de sitio alejándonos del molesto lugar. Pero allí donde vayamos nos estará esperando “algo” que no puede ser rechazado ni eludido. Todos somos portadores de un “algo” que demanda ser atendido, reconocido, aceptado, amado... Puede ser otra persona, una circunstancia.., O uno mismo.
Ladra el perro del vecino...!

martes, 20 de abril de 2010

UNA MIRADA AL MUNDO

El Worldwatch Institute of Washington es una prestigiosa institución con casi cuatro décadas de historia a sus espaldas que funciona como observatorio mundial. Cada año hace público el resultado de sus analíticas observaciones a modo de diagnóstico de la situación mundial, pronostica el futuro probable de acuerdo con las tendencias observadas y aconseja la adopción de medidas orientadas a hacer de éste un mundo habitable, humanizado y sano.

El informe de este año, elaborado por un colectivo de más de sesenta científicos y expertos incide en un diagnóstico de gravedad frecuentemente denunciado por éste y otros observatorios, cuya tendencia habría superado ya el punto de no retorno tras el cual sólo cabría esperar su inevitable desenlace.

Lo ya sabido e insistentemente denunciado desde diferentes foros alude al modelo que, en rigor, deberíamos llamar de “civilización”, y no sólo “modelo económico”, puesto que involucra a otros factores esenciales de la vida, como la cultura, el desarrollo personal, la salud, las relaciones, la convivencia, el bienestar, la realización como individuo..., la religión. Modelo que, tácita y explícitamente, orienta nuestras vidas y al que seguimos y obedecemos desde la presunción de que así progresamos hacia la felicidad, ignorando o no queriendo reconocer que se asienta sobre una premisa irrealizable y por tanto falsa.

El aludido modelo, ignorando la naturaleza del alma y en descuido de los valores esenciales del ser humano, viene a decir que a mayor consumo mayor bienestar. No lo afirma de manera explícita, pero así lo cree y transmite desde el momento que utiliza como indicador del progreso el denominado PIB (Producto Interior Bruto), que refleja la suma de bienes producidos y consumidos por la sociedad; es decir, la actividad a secas, sin tomar en consideración el grado de bienestar de las personas. El mensaje tácito así lanzado relaciona el consumo con la calidad de vida y convierte el “consumismo” que suscita en la ética del progreso y del bienestar. Desde el punto de vista de un modelo así, basado en el continuo consumo de recursos como garantía de progreso, el objetivo lógico del mismo consistirá en mantener el PIB en crecimiento constante, lo cual resulta inviable en un contexto que es limitado (el planeta) y, por tanto, imposible de mantener en el tiempo.

Esta es la denuncia que se viene repitiendo desde el año 1972, fecha en la que fue publicado el informe del Club de Roma titulado Los límites del crecimiento, puesta una vez más en el punto de mira por el Worldwatch Institute, que insiste en la necesidad de abrir los ojos a la realidad de que no es posible el crecimiento ilimitado en la Tierra, y en la igualmente necesidad de llevar a cabo un cambio de paradigma que reconociendo las negativas repercusiones del actual (lo que algunos llaman enfermedad del consumismo) tanto sobre el propio planeta (ecológicas) como sobre el bienestar de las personas (sociales), valore la calidad de vida y la sostenibilidad por encima del consumo.

La alternativa propuesta por el Worldwatch Institute me hace recordar mi época de estudiante de economía, tiempo en el que descubrí el término económico llamado decrecimiento, inspirado en la rompedora teoría de N. Georgescu-Roegen, que a su vez está basada en el segundo principio de la Termodinámica y la influencia de la entropía en los procesos económicos. El decrecimiento viene a ser la otra cara de la moneda del modelo basado en la producción y el consumo como indicadores del crecimiento y en el PIB, que es su instrumento de medida. Y propone, en cambio, una nueva actitud basada en consumir menos, pero mejor; en dedicar menos tiempo al trabajo y más tiempo a vivir.

Hoy creo que detrás del decrecimiento se oculta un sentimiento profundamente humano a favor de la vida sencilla, donde no gobiernen los deseos que desencadenan la ambición, y sí en cambio la moderación que nos hace solidarios con la necesidad del otro.

Dice el mencionado informe del Worldwatch Institute que hemos superado el punto de no retorno. Pero yo sigo creyendo que la vida es el eterno instante que marca lo que aún es posible. Empecemos hoy.

domingo, 11 de abril de 2010

LA TEBAIDA BERCIANA

Peñalba de Santiago
Anacoreta es un término de origen griego que significa “retirarse”, actitud o disposición que define a la persona que decide aislarse de la comunidad para entregarse a la oración y la penitencia como medio de alcanzar un grado de purificación que posibilite el estado de intimidad o de comunión con Jesucristo, realizando así un explícito gesto de renuncia al mundo que, junto al cuerpo, es percibido como grave impedimento, según una radical interpretación de algunos principios cristianos presentes igualmente en religiones muy anteriores que inspiraron a los llamados renunciantes.

Surgieron en los albores del Cristianismo, en los siglos II y III, y se cree que la mayoría se concentró en Egipto, en el desierto, cerca de la ciudad sagrada de Tebas. El fervoroso movimiento se extendió de tal manera por otros países que en siglo IV los anacoretas se contaban por miles. Algunos habitaban en chozas, otros en cuevas, algunos encaramados en la copa de un árbol, otros sobre una columna, otros se hacían eternos caminantes sin cobijo, otros...Pero todos movidos por la misma aspiración: fundirse en algo más grande que ellos mismos.

A comienzos de los noventa fui guiado por unos amigos a un paraje que fue escenario natural de esa búsqueda y refugio de anacoretas, tiempo después de que los romanos hubiesen extraído el oro de Las Médulas, pero siglos antes de que la Reconquista fuese iniciada. Está situado en la comarca natural del Bierzo (León), a pocos kilómetros de Ponferrada, ciudad a la que los Templarios acudieron siglos más tarde atraídos no se sabe por qué.

Peñalba de Santigo, cantina
En Ponferrada, sobre el medieval y simbólico Puente Boeza, se inicia un camino de apenas 16 o 17 Km que termina en la pedanía denominada Peñalba de Santiago. Final de camino. Y puerta de acceso al Valle del Silencio, corazón del movimiento anacoreta nacido en estas tierras, heredero de aquel otro surgido bajo la protección de Tebas, del que recibe no sólo la inspiración, sino el nombre: Tebaida.

La Historia sitúa en ese escenario al más célebre de los anacoretas, aunque no el primero, llamado Genadio, voluntariamente recluido en una cueva natural que se abre sobre la pared de una imponente montaña de roca calcárea que cierra el valle por el oeste. Y la pequeña historia de los pueblos dice de él que, estando un día en meditación, no podía concentrarse debido al murmullo de las aguas del arroyo que discurre unos metros más abajo de la cueva. Así que el santo Genadio alzó su voz ordenando: “¡Cállate!”. Y el riachuelo calló. Y el silencio se hizo en el valle. Y el valle pasó a llamarse Valle del Silencio.
valle del Silencio
...tal vez los Templarios acudieron allí como a los Santos Lugares, para protegerlo. Y tal vez sea la suya, esa inquietante presencia que se percibe.

jueves, 1 de abril de 2010

EL RESUCITADO

La cristiandad exhibe estos días sus símbolos más preciados proclamando con ello no sólo su fe, sino también su asignatura pendiente. Ciudades y pueblos de cualquier lugar de la Tierra transforman sus calles en escenario, movilizan a sus santos guardados hasta ahora en los templos, y convocan a los fieles a la nueva y repetida representación del drama de la muerte y la resurrección de Jesús que quizá supere el éxito alcanzado en las anteriores celebraciones, sin reparar en que con ello apenas mantenemos vivo el símbolo que él representa, mientras postergamos su asimilación.

Hemos hecho de la Semana Santa una necesidad religiosa en sustitución de la experiencia personal. Hemos sustituido nuestra necesaria desidentificación respecto del ego -que es una “muerte en vida”, o la metanoia, que nos convierte en el “nacido de nuevo” ante quien se abren las puertas del Cielo- por la muerte reiterada de Jesús; y la anunciada resurrección de los muertos, por su resurrección, ignorando que los muertos llamados a la Vida somos nosotros, los que vivimos ajenos a nuestra divinidad creyéndonos separados de Dios, desorientados, perdidos, indignos y culpables. Y que por ser los muertos estamos llamados a resucitar, recuperando la conciencia de lo que somos y nunca hemos dejado de ser.

Los símbolos son eternos. Lo se. Pero su eternidad, manifestada en su permanente influencia sobre el colectivo, también contiene un final: el determinado por cada ser humano que despierta y da vida al símbolo, encarnándolo. Como hizo Jesús. El resto de la humanidad, aún sin saberlo, seguirá alimentándolo con sus ritos, manteniendo vigente la oportunidad a los nuevos llamados a despertar. Así ha sido siempre. Y quizá en cada uno que despierta o resucita exista una pequeña parte de los que siguen aquí, buscando, los cuales se sentirán menos muertos gracias a él.

Sí, hemos hecho de estos días señalados una necesidad religiosa que oculta a una tarea personal pendiente, aunque no del todo. Porque tal vez este año uno de los nuestros haya resucitado al fin. Y seas tú.

martes, 23 de marzo de 2010

EL VALLE ENCANTADO

Valle Encantado - Neuquén - Argentina
Mi vista tropezó con su nombre escrito con letra diminuta sobre un mapa de la provincia de Neuquén, en la Patagonia argentina, y junto a él las palabras “Confluencia” y “El Dedo de Dios” señalando un territorio donde confluían los ríos Limay y Traful, que así daban origen al poderoso Río Negro nacido de su fusión. Y sentí la llamada del lugar. Y fui.
El dedo de Dios - Neuquén - Argentina
Corría el mes de Octubre de 1990, en plena primavera austral, y el encuentro con aquel remoto lugar constituye a día de hoy una de las experiencias que mayor impacto me han causado a lo largo de mi vida. Apenas accedí a él me sentí invadido por una intensa e inexplicable emoción que me hizo llorar como un niño durante horas. No podía entender qué me sucedía. Permanecí dos días en aquel lugar caminando sin rumbo y sintiendo una poderosa atracción, un irracional deseo de quedarme allí indefinidamente, como si de mi sitio en la vida se tratara...

Los meses que siguieron a ese momento estuvieron marcados por la silenciosa presencia del lugar en mi conciencia. Había regresado a España, pero algo mío se quedó allí.

Pasado más de un año, alguien puso en mis manos un libro escrito por un antropólogo chileno que hablaba de la mística de los mapuches, u “hombres de la tierra”, denominación genérica de quienes habitaban en la Patagonia antes de que llegaran los españoles. Y entonces conocí la leyenda de aquel pueblo anunciando que en un tiempo muy remoto el Sol enterró su decimotercer rayo porque la pureza de su energía no podía ser absorbida por los hombres, y que debía permanecer enterrado hasta que estos crecieran en sabiduría y pudieran manejarla. Y que el lugar donde fue enterrado se sitúa al Sur de las tierras del Neuquén..., y se denomina Valle Encantado.

A lo largo de estos años he vuelto al lugar numerosas veces, la mayoría de ellas solo, y alguna con mi hijo Mario o con amigos. Pero siempre con la serena convicción de hallarme en un espacio sagrado; ante una referencia simbólica de la expansión de la conciencia humana y de un tiempo por llegar.

Uno de esos viajes con un grupo de amigos tuvo lugar a finales de 1996. Fue un viaje “sorpresa”, improvisado desde el punto de vista humano, sobre el que me extenderé en otro momento, limitándome ahora a narrar el suceso que tuvo lugar cuando nos hallábamos en el recinto más protegido del Valle, que es Cuyín Manzano.

Estábamos sentados sobre el suelo, a orillas del río Manzano, un estero que nace del deshielo de las cumbres cercanas y vierte sus heladas aguas sobre el Traful tras un breve recorrido. Hablábamos del simbolismo de la leyenda mapuche y de su relación con el mensaje de Jesús contenido en la teshuvah, que es una invitación a “nacer de nuevo” en tanto que condición para acceder al Reino de los Cielos. Y hablábamos del mismo Jesús, de su naturaleza simbólica respecto a lo que cada uno de nosotros es, y de la necesidad de asumir nuestra tarea de realización humana en lugar de seguir proyectándola sobre él. En este sentido, dije que algún día tendríamos que liberar a Jesús de esa proyección que reafirmamos inconscientemente cada vez que rememoramos los episodios claves de su vida y, fundamentalmente, su muerte. Que deberíamos acercarnos a él y desclavarlo, quitarle la corona de espinas, limpiarle las heridas y besar su rostro... Y agradecerle el tiempo que ha permanecido así, esperando nuestro despertar.

Éramos una piña en torno a un sólo sentimiento, en medio de un lugar que evoca un nuevo amanecer. Alguien propuso: “¡Hagámoslo ahora!”. Y lo hicimos. Cerramos los ojos, abrimos el corazón y, desde él, nos acercamos a la cruz y descendimos su cuerpo. Limpiamos sus heridas, lo abrazamos, le dijimos cuánto habíamos comprendido gracias a él y lo que asumíamos llevar a cabo en adelante; le quitamos la corona de espinas y la lanzamos fuera. Y, a él, lo metimos para siempre en nuestro corazón.

Permanecimos un buen rato en silencio, emocionados, inmersos en el sentimiento, conscientes de que el anunciado rayo nacía en nosotros. De pronto, alguien exclamó: “¡Mirad lo que hay aquí!”, mientras se inclinaba hacia el suelo cogiéndola con sus manos: era una corona de espinas real.

Un escalofrío recorrió nuestro cuerpo. Nos abrazamos. Y lloramos.

Instantáneas que recogen la corona de espinas hallada