visita nuestra web:

Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta esperanza. Mostrar todas las entradas

martes, 2 de marzo de 2010

NO LE PREGUNTO AL HERIDO CÓMO SE SIENTE

Apenas han transcurrido unos pocos días desde aquél que dio pie al comentario publicado en este Blog bajo el titulo “Aquel lejano Sur”, en el que dejé que mi alma volara de nuevo por la Patagonia, saciando así su nostalgia de llanuras infinitas, de volcanes nevados, de araucarias milenarias, de lagos transparentes, de ríos desbocados, de vientos jugando en libertad, de cielos descendidos y de tierra prometida.

Hoy, tras lo acontecido en Chile, me pregunto si acaso mi nostalgia respondía a una silenciosa llamada procedente del alma de aquellas tierras donde están sembrados mis sueños, sensibles ellas, temerosas quizá ante lo que iba a ocurrir..., convocándome. Llamándome, como se llama a los hijos desde el lecho del dolor y la soledad.

Hoy siento esa llamada reflejada en cientos de rostros conocidos, amigos, a quienes he encontrado en cualquier rincón de esa inigualable tierra, desde el Valle del Elqui hasta Palena, en Santiago, en Valparaíso, en Rancagua, en Concepción, en Curicó, en Talca, en Temuco, en Los Lagos, en Frutillar, en Pucón, en Villarrica, en Valdivia, en Osorno...Veo esa llamada en los que me brindaron su apoyo abriéndome las puertas de su país y de sus casas, en los íntimos que acudieron en mis Seminarios en el Hotel Manquehue, en los desconocidos que escucharon mi conferencia en la sede española de la Embajada aquel día en que también tembló la Tierra. Y la veo en los rostros de aquellos niños de Vicuña a quienes asistí a la orilla de un polvoriento camino cuando caminaban en dirección a su colegio, mirándome extrañados y recelosos porque -me dijeron- jamás habían visto a un “español”. Y, ¡quién sabe qué aspecto debía tener dicho personaje en su infantil imaginación!

Acudo a su llamada. En silencio. Con aquellos versos de Walt Whitman en mi corazón: “No le pregunto al herido cómo se siente, yo me siento uno con él”.

Se ha movido la Tierra del fin del mundo, la de todos, y no sabemos qué nos quiere decir con su grito poderoso y el dolor que nos alcanza. Pero quizá un día, cuando las lágrimas de hoy hayan limpiado nuestra mirada, podamos saber lo que la Tierra demanda. Mientras tanto, hoy me declaro chileno y me uno a todos vosotros en el llanto, en la oración y en la esperanza.